Para la Dama de Oro.

Escribo todo esto por la melancolía y el dolor que me causa no poder, siquiera, lograr cruzar palabra alguna con vos.

Nunca llegué a pensar la falta que me harías en una situación que se tornaba normal a lo largo de los años. Nunca llegué a apreciar siquiera la idea de amar tanto a alguien de la forma en la que lo hago por vos. Incluso para mí, fue difícil aceptar que alguna vez podría amar otra vez de una forma que jamás habría imaginado.

Cada día a tu lado tornaba mi diario vivir a sentir la experiencia, no solo de amar, sino también de ser amado como nunca antes lo he sido.

Creo que llegaste en un momento justo; en el momento en que mi ser ya se acostumbraba a los recónditos lindes de la oscuridad misma del vacío. Fuiste la vívida imagen de un antiguo pero bello y ornamentado farol que se encargó, en completa demasía, de guiarme por un largo, tortuoso, pero buen camino; un camino cargado de una perpetua luz que me sacaría de lleno del casi interminable mundo oscuro en el que, ya yo, estaba apreciando como un hogar.

Fuiste por completo, el sol que iluminó mis nublados y oscuros días; y la luna y estrellas que volvieron más bellos todos mis pensamientos y momentos nocturnos; tú fuiste de lleno, la Dama de Oro que me rescató cuando me vio perecer ante el inconmensurable terror que me causaba el inmenso y oscuro bosque por el que vagué durante tanto tiempo en busca de un hogar. Y fuiste tú quien me dio una cálida bienvenida a mi nuevo hogar; tu benevolente, benigno, cálido y amoroso corazón. Tú, Dama de Oro, fuiste aquella luz salvadora que me sacó del abismal y oscuro centro de los lindes del bosque más terrorífico de todos. Y tu ausencia, mi amor, me lleva instantáneamente, de nuevo a aquel terrorífico bosque que repudio tanto, con el gran temor de llegar a considerarlo nuevamente mi hogar. Espero lograr ver y sentir nuevamente tu cálida y gentil luz; aquella luz que espanta toda la oscuridad de mi rededor, y los temores que en ella habitan.

 

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La Dama de Oro.

La Dama de Oro.

Su pelo, negro como el azabache, lleno de humedad y de ramas, rozaba con gozo los matorrales y las ramas del bosque por el que cruzaba; de vuelta al hogar. Su barba, áspera, pero recortada, estaba llena de tierra y de pasto pegado en algunas puntas de la misma. Su paseo por el bosque, buscando su salida, era como el baile de un viejo borracho en su fiesta de cumpleaños. Sus pasos eran inseguros y carentes de equilibrio alguno, cosa comprensible, pues llevaba horas vagando por aquel punto abismal del mundo. Desde el iniciar de su viaje por el bosque, un frío inconmensurable le dominó completamente, e inclusive, luego de vagar por tantas horas y horas, solo seguía sintiendo un atemorizante y constante frío en todo su cuerpo. Ni cuando iba a paso rápido, sintió calor alguno en sus extremidades, ni en todo lo ancho de su viejo cuerpo. Las ropas estaban ya sucias y rotas en varias partes; su paseo por el bosque le causó ciertas desgracias y caídas, mediante iba avanzando en medio de la maleza y espesura de ramas sin hojas y de pequeñas lianas con punzantes agujas naturales, las cuales tenían como objetivo destruirle. Pero, oh, la vida fue benévola con el joven hombre. Y en medio de su escape, ninguna cortada logró atravesar la piel lo suficiente como para llenar su ser de un veneno que le acabaría poco a poco.

A pesar de todo esto, él sentía que el frío invernal le mataba y le quemaba hasta la médula. Y el cansancio del hombre le llegó a dar, inclusive mayores esperanzas de una lenta y cansina muerte; llena de horrores que ver en medio del camino, en el centro de un gigantesco y oscuro bosque, bosque que le daría la brillante idea de tener una vana idea de cómo sería la profundidad abismal a la que se precipitaría en su muerte.

Pero, oh, la vida fue nuevamente benévola con él; pero el poder de la desconocida muerte era mayor, su deseo por obtener el fin de una vida le ganó por mucho a la benevolencia de la vida; que le llevó al fin del bosque, donde estaba una joven mujer, de vestido azul, con el sol en sus ojos y la brillantez misma del oro en su cabello. Oh, cuán bella era, pero él no lo sabía.

A muy pesar del hombre, su cansancio venció por fin, y cayó de bruces al suelo; donde ya la mujer, enterada de su aparición, le puso un suave manto encima, y con éste le trajo nuevamente el despertar. Al abrir los ojos, el hombre por fin vio la extenuante belleza de aquella mujer; y sus miradas, se encontraron por un corto tiempo que pareció casi una década entera. Y sin conocerse siquiera, él hombre la besó; y repentinamente empezó a sentir como el frío en su cuerpo amenguaba con constante rapidez. Era el choque de dos elementos repentinos. El choque de un corazón potentemente frío con uno de fuego mismo; un choque propio del amor distintivo.

Alas negras.

Alas negras.

«¿Qué había hecho mal?»

Solo podía correr; no por estar escapando. Corría porque no recordaba quién era. Sentía el temor y la impotencia de saber que era alguien sin pasado.

Pasó corriendo infinidad de tiempo; pasó por piedra y agua por igual. Pasó enfrente de personas que no pudieron verlo. Hubo animales que vio pero que ellos no pudieron verle. También los hubo que pudieron sentirlo, más no verlo. Era como si únicamente pudieran saber que él estaba ahí.

Corrió hasta que tropezó con una rama en medio de un frío bosque lleno de niebla. Para cualquiera podría ser un bosque del que habría que huir. Pero él no se fijó en ello. Él solo pudo quedarse ahí tirado en el suelo húmedo, pensando. Pensando qué pasó. Por qué estaba allí. Estaba pensando todo. Sus ojos temblaban debido a los nervios; su pelo blanquecino estaba lleno de ramas, tierra y suciedad. Sentía que podría seguir corriendo por toda la eternidad. Pero no quería. El porqué ni él mismo lo conocía. Solo sabía que quería quedarse ahí, queriendo conocer todas las respuestas.

Una pequeña piquiña comenzó detrás de su espalda, y cuando se tocó, pudo sentir como si sus omoplatos estuviesen completamente fuera de lugar en su cuerpo. También sintió en ellos trozos de plumas rotas.

«¿Qué soy yo?»

Entonces al tocar una pluma en su omoplato derecho, algo vino a su mente: la imagen de una luz en forma humana, la forma de algo superior en todos los sentidos. Esta figura se acercó a él, y se desvaneció aquel pensamiento en un instante.

«Yo soy… Él es…»

Tocó otra pluma.

—Nosotros no vivimos de lo que pensamos; nosotros solo actuamos por el bien universal. Tampoco actuamos por el bien de una sola cosa. Actuamos por el bien y estabilidad de todas las cosas existentes. —Aquella voz imponente se cruzó por su cabeza, pero no supo si fue en ese momento alguien que habló, o un recuerdo de alguien que alguna vez habló.

«¿Qué somos nosotros?»

Otra pluma.

La figura que apareció en su anterior visión, se volvió a revelar, y esta vez, tenía alas; blancas como la nieve, y brillantes como si un manto de luciérnagas en forma de plumas les rodeara.

—Somos aquellos que llevamos su palabra; el Bien. —Parecía como si aquella voz no tuviese tiempo alguno; solo estaba allí, respondiendo sus preguntas. Ni en pasado ni en presente. Y menos en futuro.

—¡¿Por qué ya no estoy con ustedes?! —Todas sus memorias parecían volver a una velocidad demencial.

Sintió una pluma salir.

—Por pensar; pensaste demasiado entre lo que era bueno y malo. Pensaste el porqué algo era justo o no. Pensaste. Y ese fue tu pecado. Nosotros no pensamos. —La voz se desvanecía, y parecía que no volvería. Aún tenía muchas preguntas, pero ya él mismo podría contestarlas todas.

Sintió más plumas salir; estaba renaciendo. Estaba volviendo. Estaba apareciendo otra vez.

Se sentó en el suelo húmedo, y alas negras fueron todo lo que salió de sus omoplatos. Alas negras de su inexistencia.

Reseña/crítica. Valiente por Defecto I: Una Heroica y Repentina Aventura. Por Alejandro Mora Arias.

Reseña/crítica. Valiente por Defecto I: Una Heroica y Repentina Aventura. Por Alejandro Mora Arias.

Ya una persona (ironías de la vida) me pidió reseña a su novela; y vaya que es alguien. Alejandro Mora Arias, con su novela Una Heroica y Repentina Aventura, de su trilogía Valiente por Defecto.

 

Poco a poco iré detallando según mi criterio, cada cosa que va sucediendo en cada capítulo. Además, haré lo mismo con la portada, sinopsis y título.

 

Portada: En pocas ocasiones he visto portadas que valgan la pena y atraigan inmediatamente; la de nuestro escritor Alejandro, bajo el seudónimo de Buck D. Nah, es una de ellas. Podemos apreciar una calidad buena y una imagen que se relaciona directamente con el título. Lo único malo que veo, es la marca de agua que define a la portada como el segundo lugar ganador de un concurso. Ojo; no digo que esto sea lo peor, malísimo, un insulto; no. Esto va hacia algo más general, y es el gran tamaño de esta. Entiendo que en ocasiones las marcas y etiquetas no se ven demasiado respecto al tamaño, y por eso las ponemos inmensas. Pero al ser este pin, etiqueta o marca, simple y directo, podemos dar por hecho que debería ser más pequeña. El color y efectos de las palabras coinciden bien con la imagen principal y nos dan una buena idea de por dónde va la historia… pero, el título en ella nos habla algo un poco seco de la obra, y ya os explicaré por qué. Le daré un 8/10 a la portada.

 

Título: Empezamos bien y acabamos mal; os explicaré bien por qué (ya lo he dicho dos veces, lo sé). El título está muy bien escrito y nos da una buena idea de qué será lo que nos encontremos más adelante. Seré breve en éste apartado; el único mal que le encuentro a este título es uno de los clichés más antiguos de la fantasía (incluso antes del mismísimo Tolkien) y es el Síndrome de Campbell (teoría hecha por Brandon Sanderson, basada en Joseph Campbell, autor de El Héroe de las Mil Caras), en el cual nos encontramos con el patrón narrativo del “camino del héroe”. No profundizaré demasiado en la idea ya que esto es el título y no la novela en sí, así que dejaré el título de esta obra como algo muy bueno, pero que nos da a entender que probablemente habrá clichés fantásticos de por medio. Le daré un 7/10 al título.

 

Sinopsis: En esta sinopsis se encuentra un buen manejo de prosa y narrativa explicando cosas sin necesidad de darnos ningún spoiler de lo que veremos más adelante; pero sí una idea. Esto le quita un punto a favor a la novela, pues nos vuelve a dar la idea de que tendremos un cliché fantástico de por medio (el más común de todos por cierto), y ese es el mundo medieval. Nuevamente, como esto es solo algo que nos da entrada a la obra, no profundizaré mucho en el tema; pero sí os diré: está muy bien hecha, sin ir más allá de lo que es una sinopsis, nos da una buena introducción a un mundo lleno de posibilidades, y a mí parecer es demasiado buena. Le daré un 9/10 a esta sinopsis.

 

 

Apartado especial, Prólogo: Leyendo el prólogo pude enterarme de muchas cosas. Básicamente lo único que hay en el prólogo (que no lo es) es una descripción a cada uno de los continentes en los que se abarcan las diferentes historias. Lo cual no es malo del todo; pero sí tiene sus puntos muy malos. Como el hecho de que no son netamente relevantes para la trama principal de la historia. En una historia no hay necesidad de describir el mundo en un solo apartado, o describir un lugar o país en uno o dos párrafos; en una historia de fantasía el lector irá conociendo el mundo poco a poco según avance la historia. Y se adentrará en él, pues yo considero que no hay cosa que le dé una mejor esencia a la fantasía que el mundo que nos presenta el escritor. Y éste es un gran mundo, pues podemos ver que la historia no se centrará en un único personaje del desarrollo de la trama. Pero el hecho de darme a conocer todo en un prólogo que en realidad es prefacio, es algo que me decepcionó un poco a primera vista. No es un gran error, pero sí abarca un punto de partida malo para comenzar la historia. Recomendaría al escritor cambiar el nombre de éste y poner Prefacio, pues esto no nos introduce a ninguna historia; solo nos está dando una idea de lo que será el mundo que conoceremos más adelante (o no una idea, nos lo describe tal cual, sin llegar al lujo de detalles). Le daré un 6/10 a este Prefacio. Y un 9/10 al mundo.

 

 

Trama: Desde el primer capítulo nos vemos introducidos en uno de los continentes del mundo creado por Alejandro, y nos vemos con múltiples perspectivas por capítulo, que nos narran lo que sucede en lo que es, probablemente, el mismo lugar, pero desde diferentes personalidades. Esto se es narrado en tercera persona (punto a favor, personalmente), pero de cuando en cuando aparece una redundancia muy notable. Al parecer la lectura está en omnisciente pues podemos ver claramente todo lo que sucede y todos los aspectos de cada persona presente en un lugar determinado. Pero no se suelen ver pensamientos de ningún tipo en éste. Además nos da algunos saltos temporales de horas un tanto bruscos a mi parecer (cosa que le quita fluidez a la lectura). Asimismo podemos dar por hecho que la trama está centrada en la aventura de una niña llamada Claire, que tras levantarse una mañana, se encuentra con un grupo de personas completamente desconocidas para ella. Al mencionarle a la niña que estos son aventureros, ella empieza a sentir empatía por ellos, y en una breve presentación, Claire les comunica a los aventureros que ella es hermana de un héroe llamado Lance. Entonces estos aventureros también empiezan a sentir empatía por la chica que recién hace unos minutos conocieron. En este mismo momento se da por pura casualidad el hecho de que esta chica va hacia el mismo destino (donde un príncipe evasivo y aventurero (guapo por cierto) llamado Suron). Los aventureros, que Claire conoció hacía unos instantes, se ofrecieron en ese instante para ir junto a ellos a su encuentro con el príncipe, y por supuesto, sin duda alguna, ella aceptó ir con ellos. Al llegar podemos ver que en esta reunión tan grande para ver al príncipe, se da el génesis de un conflicto en el cual ya podemos apreciar los primeros malos. En éste conflicto el príncipe protege a Claire y al grupo de aventureros para que ellos corran hacia el barco de los aventureros (lo siento Alejo, pero ya veo por dónde va esto). Tras correr y escapar de uno de los malos que es experto en alquimia, invocando diferentes criaturas, por fin llegan al barco, donde ya estaba el príncipe esperándoles (en serio, se quedó peleando con una mala, y ni idea de en qué segundo se pudo adelantar a todos ellos). En esto, Claire acepta la oferta de los aventureros y el príncipe para protegerla, pues todos conocen a su hermano y le respetan. Entonces se sube al barco para así comenzar una aventura junto a sus compañeros aventureros… A ver, vamos por pasos. Alejandro, me estás planteando ya varios clichés en solo el primer capítulo de la historia. El grupo de aventureros en el que están la chica buena; el o la protagonista que es muy importante en la trama subsecuente de toda la historia; el tipo mayor probablemente exiliado o aventurero que es muy fuerte, cazador de tesoros, u otra cosa parecida; el chico joven burlón que es probablemente ladrón, bueno con los cuchillos, hábil y el más sarcástico de la novela; además de una probable mascota y no podía faltar el noble o príncipe que se ofrece en la protección y crecimiento del o la protagonista. Otro cliché que desde acá y en todos los capítulos siguientes se puede confirmar: el Síndrome de Campbell. Ya que lo puedo confirmar, explicaré un poco de qué va esto. En este síndrome podemos encontrarnos con el típico viaje del héroe, en el cual vemos el desarrollo y crecimiento del protagonista y sus compañeros de viaje. En el cual recorremos diferentes destinos para conocer así gran parte de, probablemente, todo el mundo que abarca la novela. Por supuesto, a medida que recorremos los distintos puntos del mundo, podemos ver cómo los personajes crecen y maduran debido a las diferentes situaciones que se presentan por cada destino al que llegan. Una de las cosas que me agradaron mucho es que cada cierta cantidad de capítulos en los que estamos centrados en Claire y su grupo, nos salta a otra parte del mundo, donde podemos conocer razas nuevas y exquisitas, con diferentes personalidades y formas. Esto hace la lectura algo muy hermoso, pues conocemos el mundo desde no una, sino varias perspectivas. El mundo al parecer está plagado de diferentes criaturas y razas distintas, en conjunto con la magia que acá pasamos a llamar alquimia; una idea bastante peculiar. En mi opinión, la trama no es para nada mala, es rica y tiene un buen avance, pero esta historia llega a ser predecible hasta cierto punto; pues hay diferentes puntos no vistos hasta donde va escrita y publicada la obra. Una historia completamente recomendada para personas que quieren iniciar en el extenso mundo de la literatura fantástica. En la trama, personalmente, le daré un 6/10, pero en un entorno más general para el mundo fantástico, esta trama merece un 8/10.

 

 

Opinión personal: Ya dejando de lado casi todo lo general y literario, daré lo que es esta obra a mi parecer. Alejandro nos plantea un mundo completo y lleno de cosas por explorar; tal vez comete a veces el error de irse más allá de una simple descripción detallada. Y abusa de ella. Pero acá podemos encontrar una de las pocas historias fantásticas de esta plataforma, que realmente valen la pena (descontándole a las redundancias, y exceptuando el hecho de que no ha corregido la ortografía (hombre, Alejo, al menos pon un aviso xD)). En éste mundo encontramos varios continentes y razas que no pueden ser muy bien contadas; además de un increíble desarrollo de todos los personajes. Es una obra con calidad argumental, pero carente de una originalidad completamente presente. Es una obra de verdad buena para todos aquellos que buscan algo con qué comenzar en este hermoso mundo. Yo puedo comparar esta obra con muchísimos escritores, y estoy completamente de acuerdo en el hecho de que esta obra incompleta ya le está ganando muchos lugares a obras juveniles de mierda que ya están publicadas. Esta obra toma una buena parte de lo que yo busco en Wattpad. De verdad, una obra buena a mi parecer, pero que tiene sus contras en un entorno más general. *Cof cof* Clichés de fantasía *cof cof*. No siendo más, yo espero que se pasen por la obra de Alejandro, porque tiene un gran futuro de por medio. Espero que esta crítica/reseña no ofenda ni al escritor ni a los que la han leído. Y principalmente, espero que la fantasía os ahogue.

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La dama que duerme.

La dama que duerme.

En el momento en el que la vi cerrar sus pequeños ojos feroces, acostarse y dormirse, fue el momento en el que entendí que todo lo que pensaba estaba mal. Le quité los zapatos, y la ayudé a sentirse cómoda, ella inmediatamente se volvió a dormir; qué bello espectáculo; qué increíble elegancia feroz con la que uno visualiza su forma de dormir; qué hermosa que es ella, toda. Fui por una cobija para que el frío no pudiera si quiera rozar tan delicado y fuerte cuerpo. Al arroparla mis sospechas estaban aseguradas; no puedo hacerla feliz sin que yo pueda ser feliz a su lado. Tengo que hacerla la mujer más feliz de todas siendo yo el hombre más feliz de todos, por ella. Todo por ella. Y mi felicidad es sólo para ella. Yo le pertenezco todo a ella. Y fue ese último beso de despedida, aquél que guardaré para siempre en mi memoria, aquél beso secreto que ella jamás conoció; el beso que me dejó claro que un siempre es una palabra muy fuerte, pero no para nosotros.


Locación actual: Bogotá, D. C., Colombia.
Estado de ánimo: Entusiasmado.

Final alternativo del libro «Scorpio City» de Mario Mendoza, por Jeffrey Sebastian Tavera Camelo.

Final alternativo del libro «Scorpio City» de Mario Mendoza, por Jeffrey Sebastian Tavera Camelo.

Luego de la extraña sorpresa por parte de los esbirros de la Secta hacia Sinisterra, él ya sentía una incomodidad enorme en medio de las alcantarillas de la ciudad; alcantarillas de una ciudad llena de mentiras; un verdadero infierno que jamás encontraría su fin.

Estaba pensando en lo empalagoso que se había vuelto el hedor a mierda y demás putrefacciones que se extendían alrededor de esa enorme red de telarañas subterráneas de agua podrida y ratas enormes. Fue luego de casi diez minutos sentado, ya lejos del lugar por el que entró, que volvió a ponerse en pie para reanudar su escape.

Con dificultad al levantarse, se dio cuenta del mal estado en que se encontraba su cuerpo luego de tiempo sin comer de manera saludable. Caminó por varios minutos, aún nervioso por casi cualquier cosa que pudiera aparecer de repente. Cualquier sonido, fuera una rata e incluso sus propios pasos, le provocaban miedo; sentía impotencia.

Cuando vio la escalerilla que daba para salir de las cloacas del mismísimo infierno, decidió aprovechar eso y se acomodó la mochila, de modo que pudiera subir sin problemas la escalerilla. Ya en lo más alto, tocó con la punta de los dedos de su mano izquierda para ver si la tapa de la alcantarilla estaba suelta. Cuando menos lo pensó, su mano derecha pegó un resbalón de la vara metálica húmeda de la escalerilla.

—¡Mierda! —Bajó rápidamente su mano izquierda y logró agarrarse antes de caer a la oscuridad, pero el estrepito de la caída hizo que se golpeara la rodilla derecha con una de las varillas de la escalerilla.

Entonces oyó pasos arriba de sí y calló para oír mejor. Eran dos o tres personas y se detuvieron justo arriba de la tapa. Uno intentó hablar, pero inmediatamente otro lo calló con un suspiro; Sinisterra no se quedó a pensar si debía escapar o no. Empezó a bajar rápidamente la escalerilla y los hombres arriba reaccionaron inmediatamente moviéndose alrededor de la tapa, para dejar espacio al quitarla. La movieron con mucha dificultad entre los dos o tres y cuando ya estaba abierto, Sinisterra ya estaba corriendo por las cloacas sin fijarse qué pisaba y por dónde pasaba.

Ya había corrido lo que parecía una infinidad de tiempo para él y sus piernas, ardiendo, pedían descanso, al igual que sus pulmones. Aun así no paró y corrió por mucho más tiempo hasta que sintió seguridad de que había dejado a sus perseguidores bien atrás. Cuando paró, su cuerpo pareció no responder por un instante y cayó de bruces al suelo húmedo y sucio. Su cara tuvo un fuerte encuentro con el suelo y al sentir como el tabique se había roto, la sangre inundó su respiración. Al caer también mordió su lengua y sintió el sabor de la sangre cuando dio vuelta para separarse del suelo.

Ahí se quedó mucho rato, quejándose y respirando con mucha dificultad mientras la sangre manaba de su nariz. Luego de lo que pareció ser casi una hora, el olor a sangre, mierda, y el dolor que le causaba respirar, se levantó e hizo un quejido bastante notable. La sangre de la nariz se le escurrió por los andrajos que llevaba y cuando hizo ademán de levantarse, sintió un calambre en la pierna que lo obligó a ponerse en pie, ignorando todos sus dolores.

Cuando intentó dar el primer paso, oyó como si tuviera una ventana rota en su mochila, y cuando la abrió para escudriñar con la mirada en aquella oscuridad absoluta, no vio nada. Entonces metió su mano derecha mientras sostenía la mochila en alto con la izquierda y sintió la radio, pero en pedazos; en su caída, la mochila estaba en su vientre. Entendió el porqué estaba roto e ignoró la situación.

Buscando una salida mientras trataba de arreglar con alaridos de dolor su nariz, vio dos atisbos de luz que se colaban por los huecos de la tapa de alcantarilla que había como a unos diez metros de distancias. Intentó acelerar el paso, y cuando la escalerilla estaba ya frente a él, dudó, con miedo a volver a caer. Pero al final terminó volviendo a subir por la escalerilla. Ya habiendo salido del lugar, trató de inhalar aire fresco de ciudad, pero solo encontró dolor y un agudo olor a sangre. Ya arriba, se sentó en el andén y con un grito que bien pudo despertar a toda Bogotá, volvió a cuadrar su tabique. Al levantarse, miró a los alrededores para saber dónde estaba y si ya no había nadie por los lugares, o al menos, nadie que quisiera matarlo. Estaba por la Carrera 2b, una pequeña más de las muchas que conectan con la Avenida Carrera Primera.

A lo lejos, visualizó a tres hombres trotando hacia él, parecían cansados. Vio que los tres llevaban pistolas en las manos e inmediatamente sacó las dos pistolas que llevaba en la mochila. Estos parecieron verlo y se esparcieron por la calle, poniéndose detrás de postes o casas. Lo siguiente fue que Sinisterra disparó hacia el más grande de todos, que fue el primero en esconderse, dos balas fallaron y el enorme hombretón disparó contra él. Sinisterra disparó directamente a la cabeza cuando el hombre salió, y dio en el blanco, pero el hombretón logró darle en el hombre izquierdo. Aun así, no soltó la pistola que tenía en su mano, pero en su lugar, el dolor le hizo tensar el dedo y disparar al suelo una vez. El hombre flacucho que se escondió tras la casa salió y disparó a Sinisterra. Su puntería estaba muy oxidada y todos los disparos fallaron, pero con dos de él bastaron para mandarlo directo al infierno.

Faltaba uno. No lo veía por ningún lado. Su respiración estaba descontrolada y miraba hacia todos lados, tratando de buscar al hombre acuerpado. Vio a los otros dos esconderse, pero no vio a qué lugar fue el último. De repente el hombre, como si fuera invisible, salió de un espacio que había en la puerta negra de una de las casas. Sinisterra trató de disparar a la cabeza, pero el hombre fue más rápido y una bala atravesó los andrajos, la piel y el hueso hasta hundirse en la mano izquierda, haciéndole tirar el arma. Un horrible dolor lo cegó por menos de un segundo, y sin dejar de aprovechar su tiempo, le disparó, y el hombre también disparó. Sintió una ráfaga de aire metálico y ardiente cuando una bala entró por sus costillas y atravesó su pulmón derecho, luego el izquierdo y por último el estómago. Sinisterra disparó y cayó.

«Si tengo que morir, que sea llevándome a este hijo de puta al infierno conmigo. —Su vago pensamiento, bien pudo valerle una pierna, o incluso la cabeza, pero su mano fue más rápida y terminó por abatir al hombre.»

Cuando terminó de pensar en lo sucedido, lanzó un grito de dolor y sintió que su respiración se hacía cada vez más lenta. Sinisterra trató de ignorar los dolores que sentía, pero al rato de andar por calles y calles solitarias se dio cuenta que la bala en el estómago le aflojó las tripas y se había cagado encima, provocándole arcadas al sentir la pestilencia de escapa de sí.

Vagó por varias calles por lo que parecieron ser horas, pero no había siquiera amanecido, así que no había pasado mucho tiempo. La respiración empeoró demasiado y salía sangre a borbotones por cada paso que daba.

«Ya no tengo oportunidad —pensó—, no hay más lugar para mí en este mundo. —Sus pensamientos lo llevaron a una zona de confort mientras su visión se amainaba y hasta que respirar terminó por dolerle.»

Comprendió completamente su situación, y aunque no quería aceptarla, buscó el mejor lugar para morir solo sin que nadie pudiera molestarlo o regresarlo a un mundo lleno de maldad, corrupción e idiotez completa; no quería estar más en un mundo así. De repente, en medio de un callejón enteramente solitario que lo ocultaba totalmente del gentío mañanero de la Carrera Primera, cayó al suelo al fijarse que Isabel llegó a sus pensamientos como un balde de agua fría. La danza que hizo con el suelo fue, por mucho, poco dolorosa comparada con su hombro, su estómago, sus pulmones, su cabeza, y su dignidad.

Isabel era lo que quería en ese momento, que lo acompañara en su simple lecho de muerte, sin honor alguno; pero, al menos, acompañado por la persona que más amaba en el mundo. Intentó susurrar su nombre al mundo antes de morir, pero tanto la oscuridad como sus pulmones no se lo permitían. Pensó y pensó en su nombre, en su figura, en su manera de ser y en todo lo que era ella para él hasta que tuvo que cerrar los ojos, pues ya veía tan poco que prefería mantenerse en una oscuridad que podría tornarse eterna a su alrededor.

Todos los sonidos a su alrededor, todos los dolores, todos los pesares y todo lo que fue su mundo se iba desvaneciendo poco a poco, para dar paso a una pacífica oscuridad que se cernía sobre su vida. Recordó todos los buenos instantes que sucedieron en su vida; que pocos fueron, en realidad. Pero al final, casi como si él estuviera ahí, pudo verse a sí mismo, junto a Isabel, con un pequeño niño chillón en sus brazos. Hubiera podido llorar ahí mismo si su cuerpo ya muerto le hubiera permitido, pero solo pudo contemplar lo que pudo haber sido de él si hubiera alcanzado a vivir.

Repentinamente solo se fue todo pensamiento, emoción, sentimiento, recuerdo y sobre él, la oscuridad terminó por engullirlo completamente, y no hubo nada, solo frío…

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Aclaración: No soy el autor original de la obra, solo hice un final alterno al original de tan agraciada obra por Mario Mendoza. Ya despidiéndome, como siempre: espero que la fantasía os ahogue.

 

Estado: Emocionado.

Locación actual: Bogotá D.C.

 

Él. Escritor.

Ante una computadora, o ante un trozo de papel, con teclas o con tinta, él relató aquello que estaba en medio de su cabeza; al principio, quizás de manera vaga y poco legible, pero luego, rápido y ya poderoso como el hecho de un pensamiento. Las palabras, llenas de esperanzas, llenaban los espacios en blanco en los que él, como escritor, ya había imaginado llenos. Luego de horas y horas buscando entre los rincones más olvidados de su mente, encontró más que poner en aquel espacio. Sí, llenaba el espacio, pero vaciaba su mente, sin darse cuenta, y con la esperanza de no perder el hilo de aquello por lo que tanto se esforzaba.

Descansó. Y al pasar el tiempo, sus pensamientos dejaban de trabajar de la manera en que ya lo hacían antes; ya no sentía la misma esperanza que siempre había sentido a la hora de escribir. Entonces pensó que ser escritor era, quizás, la única profesión con la que uno se volvía más inexperto a medida que se hacía en la práctica. Pensó, que aquella noche en la que se sentó a escribir aquel cuento que vagó por su cabeza ya mucho tiempo, no se compraba con el trabajo que le costaba escribir ahora una simple página.

Él, llevado por estos pensamientos, no dejó que lo vencieran, y siguió escribiendo. Matando a su mente, por cada palabra, por cada gota de tinta que creaba una nueva esperanza, pero no en él, sino en quienes le leían. Escribió para todos, y jamás para él, porque él quería cambiar a su mundo, no quería cambiarse a sí mismo. Así que, aún con esta esperanza, no paró nunca. Los minutos se hacían eternos, las horas infinitas y el texto que buscaba finalizar, parecía tener un mundo sempiterno; sin fin alguno.

Intentó vivir su vida escribiendo para los demás, y esto alegraba a todos los que lo conocían y lo leían, pero los entristecía de igual manera, porque aquel escritor, estaba cambiando, y quizás, no para bien. Él solo quería hacer feliz y cambiante, y autónomo el pensamiento de cada una de las personas de su mundo. Pero había algo que faltaba en aquella meta tan altruista y bien pensada. No sabía qué era, y a medida que escribía más y más, trataba de buscarla sin éxito alguno.

Luego de muchos años, todos aún estaban a su lado, apoyándolo para que escribiera mucho más, y él, todo esto hacía por ellos, aún buscando su respuesta. Y fue hasta el día en que su muerte le dio la mayor de las respuestas: No se vive una vida escribiendo. Se viven muchas imaginando y creando esperanzas.

UN ESCRITOR VIVE DEMASIADAS VIDAS. Y AL VIVIR TANTAS, PIERDE LA SUYA, TRATANDO DE BUSCAR UNA RESPUESTA GENERAL, CORRECTA PARA TODOS: ¿POR QUÉ ESCRIBIMOS? YO TENGO UNA OPCIÓN COMO RESPUESTA.

PARA DAR VIDA A LAS PERSONAS POR MEDIO DE NUESTRAS ESPERANZAS, Y NO MORIR.1937084_953777154675622_4364193559034530644_n

Locación actual: Madrid, Colombia.

Estado: Cansado.